Las Pequeñas Cosas Cuentan (I y II)

Las Pequeñas Cosas Cuentan (I y II)

blog02-GRANDE

I
Me preparaba para contarles un cuento a mis dos hijos. Juan Ignacio y Natalia me veían con sus ojos iluminados, esperando qué aventuras les traía hoy su papá. Oramos y les hice una pregunta. “¿Cuál es el momento más feliz que recuerdan con su papi?” Ambos se quedaron unos minutos en silencio, pero sonrieron y me dieron dos respuestas que me impresionaron. Juan Ignacio empezó “el mejor día fue cuando fuimos a jugar a ese restaurante”, me dijo seguro. Traté de recordar cuál de todas las veces que hemos ido a un restaurante con juegos y no pude identificar cuál fue. “¿Por qué fue esa vez?”, continué.

“Estábamos felices jugando Papi”. Natalia continuó “Yo aquel día que me hiciste cosquillas”. Ambos sonreían, recordando esos momentos, que seguramente se repetían en sus mentes como vívidas películas a color. Experimenté una mezcla de emociones en ese justo momento. Por un lado me sentí agradecido por mis hijos, por sus sonrisas y por esa felicidad que irradian.

Por otro lado me sentí sorprendido que nunca me dijeron “cuando salimos de viaje a este parque en el extranjero”. Las pequeñas cosas cuentan. Solemos hablar del “balance vida – trabajo” o de cómo maximizar la eficiencia en los diversos roles que jugamos en la vida. Podemos sentirnos culpables por estar en casa cuando podríamos estar trabajando, o preocuparnos en el trabajo por desear estar en casa. El eterno dilema de pesos y contrapesos pareciera nunca tener una respuesta favorable. ¿Qué tal si existiera otra manera de lograr el equilibrio? He descubierto que la forma más efectiva es de “mover el centro”.

Cuando movemos el centro, o el foco a un área, le dedicamos todas nuestras energías. Estamos presentes realmente. ¿Necesita mi trabajo atención ahora? Allí es donde debe estar el foco. ¿Necesita mi familia de mí? Allí es donde debe estar mi atención. Muchas veces el trabajo está demandando “tiempo de calidad”, al igual que muchas veces nuestras familias. Podemos estar físicamente en casa, pero mentalmente y emocionalmente en otro lado.

 

 

II
Marcus Buckingham, en su célebre libro “La Mujer que lo Tiene Todo”, encontró que no había diferencia significativa en la felicidad de los hijos de madres que trabajaban tiempo completo en comparación con quienes estaban en casa a tiempo completo. Lo que sí encontró fue una respuesta contundente en las entrevistas a ambos grupos de hijos “lo que queremos es ver feliz a mamá”.

Si trabajamos pero volvemos con rostro de tristeza a casa o si estamos en casa tristes de querer estar en otro lado, nuestros hijos asociarán la actividad a “lo que hace triste a mamá o papá”. ¿Qué podemos hacer entonces? Algunas sugerencias.

 

1. Las pequeñas cosas cuentan. No esperes a ese gran evento para mostrarle a tus seres queridos lo importante que son en tu vida. Una tarde especial, una noche de ver una película, cocinar juntos o simplemente hacer una tarjeta de “gracias” harán toda la diferencia.

 

2. Enfócate en lo que necesita tu atención en cada momento. Analiza qué áreas de tu vida requieren foco en este momento. Calendariza tiempo dedicado a ellas. Colócalo en tu agenda como si fuera una cita de trabajo. Esto forzará a que tengas de forma pre definida el tiempo para cada cosa.

 

3. Analiza a dónde te está llevando el camino. Sin duda que no podremos tener todos los días perfectos y en equilibrio, pero si ya llevas muchos días sintiéndote en desequilibrio es quizá momento de parar un momento a reflexionar. ¿A dónde te llevará el camino que hoy estás transitando? En ocasiones hay que tomar medidas de fondo.

 

4. El trabajo de perfeccionamiento no es un camino solitario. Buscar el equilibrio y la mejoría debe ser un proceso en familia, pero además de búsqueda de mentores o mentoras que puedan aconsejarnos en el proceso. Nos servirán además para rendir cuentas sobre el avance.